viernes, febrero 29, 2008

La Montaña Rusa

La montaña rusa


La fila para la montaña rusa se extendía por kilómetros. Pasarían muchas horas antes de poder subir en ella y dar un paseo, pero él mantenía el optimismo, pues tarde o temprano lo lograría. A veces, llovía un poco, otras, el viento golpeaba, no eran raras las nevadas ni el calor sofocante.

Él miró al frente, y vio que la fila ya era más corta, tal vez dos o tres kilómetros de gente delante suyo. Su sonrisa se mantenía imperturbable, él sabía que pronto tendría ese recorrido, lo disfrutaba por adelantado, y pensaba que la promesa de satisfacer un deseo es parte del deseo mismo y de su satisfacción final. Pero no mucha gente compartía su pensar, y poco a poco decidían abandonar sus puesto en la larga fila, haciendo que ésta se acortara bastante.

Frente al hombre, sólo había tres personas más, que ocuparon sus lugares en los coches del juego mecánico. Él ya no alcanzó, pero cuando se terminara este recorrido, sería el primero en el tren, donde iría sentado al frente, el primero en experimentar las caídas y jaleos de la máquina.

No despegó la mirada de su reloj, contando el tiempo del recorrido. Dentro de dos minutos al fin lograría subir. Pasaban los segundos con lentitud. El tiempo terminó, y el tren llegó, para recoger nuevos paseantes. Se acomodó él en su asiento, y cuando el tren se llenó, y el operador arrancó el juego, éste no respondió. En el segundo intento, el tren comenzó a avanzar, pero se detuvo en la primera loma, incapaz de subir.

Después de algunos minutos en que los técnicos revisaron la maquinaria, se decidió que hacía falta una compostura mayor, y que quedaría fuera de servicio hasta nuevo aviso.

Él volvió a casa, decepcionado, pero cuando el juego funcionara de nuevo y fuera abierto al público, él estaría allí, en esa fila que se extendía por kilómetros. Alguien le pidió que por favor no se formara de nuevo en la fila para la montaña rusa.

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1 comentarios:

Alatriste de la Maldad dijo...

Cada día que pasa me sorprendes más. Hasta parece un relato del propio Kafka. Has leído a Kafka, ¿cierto?